jueves, 30 de enero de 2014

"El jardín del cielo" de Rafael Piñero


El libro más completo publicado en España sobre los mártires, una primera colección de cuarenta y cinco relatos que recogen distintos episodios y peripecias de la vida y de la forma en que vivieron y murieron algunos santos personajes.

El libro podría calificarse de "peculiar" en el sentido siguiente: quien lo lea no puede esperar encontrar en él unos relatos de Vidas de Santos en la forma a la que estamos acostumbrados. La idea, en cambio, es intercalar la transcripción fiel de múltiples textos, ­-antiguos muchos de ellos-­, con frecuentes observaciones sobre los mismos, que le nacen espontáneamente, al leerlos, a cualquier mentalidad propia de nuestros días.

El autor ha salido plenamente airoso de su empeño de proporcionar al lector  una diversión continua, desde la primera página, apoyada en un castellano pulcro y en unas dosis bastante abundantes de humor, mezclado con el estupor y la admiración que muchas de estas proezas despiertan en quien las lee, sea cual sea su manera de pensar.

En esta primera entrega se encuentran ya todo tipo de portentos, de penitencias extremas y de argucias de un buen número de santos y beatos para hacer su vida y las de los demás maravillosas o insoportables, pues de todo hay. Porque, como se dice en alguna parte del texto, es difícil encontrar un prodigio que no haya sido ejecutado por algún santo. Hay santos para todo. Y la lejanía en el tiempo ayuda a que, día a día, estas historias vayan ganando en fascinación lo que, tal vez, pueden ir perdiendo en cuanto a su exactitud histórica.

Por El jardín del cielo pasean santos y mártires, de vidas y muertes asombrosas, autores  de hechos prodigiosos e inexplicables cargados de fe y bondad. Casi todos ellos se encuentran en esta fascinante obra, una primera y excelente recopilación de historias extraordinarias de santidad y martirio. 
Toda la narración discurre entorno a la vida, obra, y milagros de santos y mártires, a los que frecuentemente acompañan ángeles y otras criaturas celestiales. Las historias magistralmente relatadas no dejan indiferente a nadie. Asombrosas y motivadoras, todas ellas relatan hechos sobrenaturales realizados por algún santo o santa en vida o post mórtem.

Rafael Piñero, el autor, narra de manera trepidante estas vidas ejemplares, con un estilo fresco y directo, incluyendo, además, comentarios personales cargados de sutil ironía. La exhaustiva y minuciosa tarea de documentación de Piñero nos brinda un compendio completísimo a la par que ameno. La obra, escrita, entendemos en un pulcro y rico castellano, está repleta de referencias y aclaraciones, y hará las delicias del lector, ya sea un erudito en la materia, un interesado en temas religiosos, o una persona laica, que busque entre sus páginas un pasatiempo con una pizca de iluminación.

Muchas de las historias recogidas aquí han llegado hasta nosotros como leyendas, que suelen tener su origen en un hecho real, al que el tiempo y la imaginación le han dado forma, explica el autor. Así la verdad, la leyenda y el mito, se entrelazan en este jardín celestial para formar esta obra entretenida e ilustrativa.

Como indica su autor, Rafael Piñero, El jardín del cielo se puede leer, a tres diferentes niveles. El primero, como simples episodios de la vida de esos santos y mártires. El segundo, como un entramado de leyendas, hechos históricos o prodigios, que estimulen a quien los lea a aplicar un cierto sentido crítico, separando lo real de lo que tenga de fantasioso. En el tercero, el autor nos invita a descifrar los mensajes e ideas que a lo largo de la lectura se ocultan agazapados tras las gestas relatadas.

El libro recoge las historias de santos preparados para someterse a ayunos imposibles, otros que se hacen entender con animales, como san Francisco de Asís; o los que vivían en lo alto de columnas por decenas de años como san Alipio el Estilita o san Lázaro. En el lado opuesto Piñero nos presenta a san Sabino “quién optó, como los estilitas, por separarse del mundo siguiendo una trayectoria vertical, aunque diferente. San Sabino decidió vivir durante años en lo más profundo de un pozo”, explica.

En cada capítulo se narran diferentes actuaciones milagrosas: hallaremos santos levitadores, otros que bien podrían ser prestidigitadores, capaces de transformar unos objetos en otros para salir de algún apuro. Como el caso de San Antonio, que es bastante curioso, porque ayudó a un contrabandista convirtiendo en alubias el fardo de tabaco que llevaba ante unos carabineros que le echaron el alto. Al respecto de este milagro el autor afirma lleno de sarcasmo: “realmente, de todos los milagros examinados en este libro, y que serán muchos, tal vez sea el único al que lo tomes por donde lo tomes, no se le acaba de ver intención moral alguna”.

San Gaspar de Búfalo destacó por innumerables razones, una de ellas era el don de la palabra. Sus convincentes predicaciones podían oírse a gran distancia, o ser comprendidas aunque se desconociese el idioma en el que eran recitadas. También, como explica Teresa Spezzaferro, tenía la capacidad de leer las conciencias, como un día al ir a confesar con el santo éste ya sabía todos sus pecados, recetándole además la penitencia debida. A san Gaspar de Búfalo, debemos también la famosa cita: “no puedo, no debo, no quiero” que pronunció ante las tropas de Napoleón, cuando obligaron a los religiosos a prestar juramento de lealtad militar al invadir la ciudad de Roma.

Debemos mencionar el capítulo titulado los santos “suicidas”, con la historia de santa Pelagia de Antioquía, mártir siria del siglo IV, que “durante la persecución de Numeriano, unos soldados la fueron a buscar. Ella les pidió ponerse el vestido de fiesta antes de que se la llevasen. Sabedora de las indignidades que le esperaban, se fue al piso superior de la casa y se lanzó al vacío”. Lo que da pie al autor a reflexionar “sobre este delicado tema de la línea divisoria entre el martirio y el suicidio”.

Las penitencias desorbitadas, el dolor físico constante, el éxtasis ocasional, o las tentaciones del diablo están presentes a lo largo de toda la obra, siendo elementos recurrentes en las vidas de los santos y mártires.

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