viernes, 23 de marzo de 2012

La editorial Suma presenta en un solo volumen la gran trilogía de Ángeles de Irisarri sobre Isabel la Católica.


Pocas mujeres han tenido tanto poder como Isabel la Católica a lo largo de la Historia. Bajo su reinado, al que llegó por azares del destino y tras su boda con el que sería Fernando el Católico, rey de Aragón, se logró la unión de reinos en sus personas y Es­paña alcanzó una relevancia impensable dentro del ámbito eu­ropeo. Extendió sus fronteras al conquistar el reino de Granada para terminar la Reconquista y mucho más lejos, allende los mares, para descubrir un nuevo continente de dimensiones inimaginables, con lo cual la Señora pudo añadir a sus súbditos millones de musulmanes y de indios. A lo largo de su reinado, su mano no tembló ante dificultades tanto personales como nacionales, y su­po asentar su autoridad en un entorno de hombres, ora otorgando mercedes, ora quitándolas, ora reduciendo por las armas a los levantiscos, ora premiando generosamente a los que con ella estaban; si bien siempre de acuerdo con su egregio esposo y acorde con sus sólidos valores morales.

Es esto lo que todos sabemos de la vida de Isabel la Católica, de aquella mujer, austera de modos, que estaba destinada a ser y vivir como la gran soberana que fue. De una mujer que, además de reina, fue amante esposa, preocupada madre, leal amiga y fervorosa sirviente de la religión cristiana.

Una mujer de carne y hueso después de todo, capaz de los mayores sacrificios y los más altos sentimientos. Es aquí donde la historiadora y novelista Ángeles de Irisarri pone de relieve el auténtico retrato de una mujer y de una reina irrepetible en la Historia de España y universal, hablando de lo menudo de la Corte, de la vida cotidiana del siglo xv, de los tiempos difíciles a la par que gloriosos que se vivieron... Y de tres personajes más, asaz curiosos, que se cruzan a lo largo de la narración con doña Isabel, una reina como ninguna.

El mismo día de 1451 y a la misma hora en que nace Isabel la Católica, nacen otras tres niñas en distintos lugares de Castilla: en Ávila, dos gemelas pertenecientes a la rancia nobleza castellana, Leonor y Juana; y en el señorío de Vizcaya, María, hija de una madre soltera que, a falta de mejor apellido, tomará el del lugar de su nacimiento y será María de Abando. Las madres de estas tres últimas mueren en el parto.

Las nobles abulenses vivirán sus primeros años al cuidado de las criadas de la casa, entre ellas, dos musulmanas. La plebeya vizcaína será adoptada por dos sortiñas, dos sanadoras (o directamente brujas, como las considera mucha gente) expertas en hierbas, conjuros, reconstrucción de virgos y otros menesteres en el límite de la legalidad. Ese día brilla una gran luna roja en el cielo, por eso las recién nacidas serán llamadas "las hijas de la luna roja" y, en adelante, los destinos de las cuatro estarán entrelazados.


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